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“Psicodrama, en Paraguay no hay ni revés ni derecho”

¿Cómo abordar el tema de la discriminación y la inclusión en escuelas? ¿cómo salirse del esquema de charlas de prevención de la violencia sin impacto y de letra muda y sorda, que se impulsa desde los protocolos emanados de los dispositivos de intervención habituales?

Es que la violencia asusta, por eso se la aborda con charlas que anestesian a los que escuchan y a los que la brindan. Mientras tanto, la vida se escurre por los bordes…

Un episodio de apariencia insignificante, iniciado en un recreo -que parece repetirse a diario- es escuchado y tomado por una tallerista, que viene trabajando distintas temáticas (prevención de violencia en el aula, discriminación, convivencia, entre otros) con alumnos de 4° grado de una escuela de nivel primario en una villa de la CABA -en su mayoría migrantes de países limítrofes- en donde se dan en el día a día situaciones de bullying, violencia y discriminación (lo mismo que en otras escuelas de la ciudad de Buenos Aires, donde se han naturalizado estos hechos).

La intervención propuesta a la Dirección de la Institución es a partir de la práctica del psicodrama, sociodrama y técnicas lúdicas.

El episodio iniciado a partir de una discusión entre alumnas en el recreo, es llevado al aula para ser trabajado por el grupo de compañeros.

Las protagonistas del conflicto son 4 niñas a las que llamaremos P, C, L y M (testigo de lo ocurrido). P (nacida en Paraguay) es burlada en el recreo por dos nenas C y L (nacidas en Argentina), que en pequeña patota la descalifican por que se puso al revés el  pullover. Esta acción parece traer rasgos de identidad y cultura incorporados en la misma. “Es que en Paraguay no hay revés ni derecho …”, dice P. 

Ella se enojó con sus dos compañeras mientras jugaban a la pelota, las empujó y se fue diciendo bajito “enanas de mierda”. M la escuchó y se lo fue a contar a las otras nenas. Comenzó entre ellas un episodio de gritos mientras se seguían burlando. P entró a su aula llorando y muy enojada (agarró una tijera y comenzó a cortar una hoja de forma intempestiva y furiosa).

En un primer momento, la tallerista habla con P, hasta que irrumpen las otras tres niñas queriendo a los gritos contar lo sucedido. Se aprovecha el momento para establecer una pausa, una escucha pasiva como forma de comprender la situación y de que cada una de las partes tenga un tiempo y un espacio para poder expresarse y ser escuchadas.

Posteriormente, el episodio que tenía la forma de una discusión –una más– en un recreo, es llevado al aula para ser trabajado por y entre todos. El objetivo fue rodar la escena involucrando activamente al cuerpo; sin intentar ordenar, sino dejar que lo sucedido se espacializara, tomara cuerpo en el aula para ser vivido por los protagonistas desde otros órdenes posibles.

Para Tato Pavlovsky, un conflicto puede ser recreado una y otra vez por el grupo, repitiendo, argumentando, justificando lo ocurrido. Pero es a partir de poner el cuerpo y familiarizarse con el caos, que el movimiento puede dar espacio a otros órdenes posibles, intentando alcanzar una visión más amplificadora del conflicto y una asociación más enriquecedora del grupo. 

Se les solicitó a las cuatro niñas involucradas en la situación conflictiva que pasen “al frente”, que se transformó en un espacio escénico al correr todos los bancos y sillas, permitiendo que el resto de los compañeros acompañen y participen  desde otros lugares. 

Se rodó la escena siguiendo el relato original. P ocupaba su rol desde una postura más vergonzosa y poco a poco se fue dejando atravesar por los hechos, participando más naturalmente de lo que estaba ocurriendo.

Se repitió varias veces la escena, tratando de encontrar matices en las intensidades de los hechos, palabras y gestos. En un momento en el que las dos niñas le gritaban “te pusiste al revés el pullover”, se les pidió que congelen el movimiento y se queden como si fuera una foto. Mientras tanto, se les solicitó que repitan gesticulando y con palabras esa frase más fuerte; dos, tres, cuatro veces.  Fue en ese instante, cuando las tres niñas – las dos involucradas directamente y M como testigo– estaban apuntando con su dedo a P. Todo el grupo participaba, los espectadores desde un silencio atento; todos involucrados en la dramatización de lo que ocurría, con una expectativa de lo que vendría y del darse cuenta que algo estaba aconteciendo más allá de lo acontecido. 

Siguiendo a Pavlovsky “…introducimos el psicodrama como un instrumento que permitiría no solamente intentar resolver las ansiedades grupales o facilitar los emergentes naturales y espontáneos del funcionamiento grupal, sino para convocar a la potencia del grupo a partir de su capacidad creadora”. Así, la escena continuó su devenir, a partir del uso de diferentes recursos como el soliloquio, esculturas, introduciendo poco a poco un cambio en el final de lo ocurrido. “… es otra manera de “estar”, de compartir, de dirigirse a los otros, de pensarse uno mismo. La participación del cuerpo en la comunicación cambia el tipo de mensaje, al mismo tiempo que el “otro” cobra más realidad, entran más elementos en juego…” (Psicodrama, cuándo y por qué dramatizar”, E Pavlovsky, Martínez Bouquet y Moccio).

Se podría decir que se detuvo por un momento la velocidad alienada de las acciones, para poder observarse y sentirse en gestos de acusación que si bien parecen asumidos como propios tienen una fuerte carga cultural. 

La experiencia posibilitó otras formas de encuentro, se abrieron otros espacios de diálogo, sin juicio ni descalificación del otro, sin violencia física. “Lo que modifica en un grupo es todo aquello que percibimos como descubrimiento o asombro” (E. Pavlovsky).

A continuación de la escena, se propuso a todo el grado que sentados en el piso en ronda,  cada uno elija un instrumento musical que le guste y haga como si lo tuviera;  una vez elegido, se les pidió que se pongan de pie y caminen por el espacio, que jueguen con su instrumento imaginario y que luego se agrupen. Que compongan una melodía … así hasta hacerles sentir que eran una orquesta y que cada instrumento es necesario sino no suena igual y se nota la falta… “el grupo como compositor de su propia música”… (E. Pavlovsky)

Según De Brassi  “un grupo es una composición de singularidades…..La singularidad es un proceso que se produce en el mismo trabajo grupal y el individuo es una construcción a priori” (J.C De Brassi, Comunicación personal).

Si se retoma la escena original contada por sus protagonistas, rodándola de nuevo, ya no será la misma. Se han creado nuevos espacios-tiempos, nuevos territorios existenciales compartidos por el grupo. “…tartamudear en su propia lengua… no se trata de tartamudear al hablar, sino de tartamudear en el propio lenguaje…”  dice Deleuze (Deleuze, Diálogos).

Para finalizar, citamos palabras del Dr. Eduardo Tato Pavlovsky sobre el psicodrama actual, en una entrevista brindada a la Escuela de Psicodrama Eduardo Pavlovsky en el 2015.

“aceptar las limitaciones de la técnica y aceptar las limitaciones de cada uno… cuando uno se acepta como el otro, en sus angustias, sus amores, sus desilusiones, su desesperación, su solidaridad, sus tremendas diferencias, se va viendo en los demás con un potencial enorme…”.

En Paraguay no hay revés ni derecho” dijo P… y así la escena sirvió para detenerse, mirarse, incluir a otros, incluirse desde un lugar diferente.

 Lic. Malenka Pavlovsky –  Lic. Fernanda Saint Lary.
Escuela de Psicodrama Pavlovsky